Primeros guayos de Juan Camilo Zúñiga se pagaron por cuotas

A la tía Mariela no le quedó más remedio que fiar unos guayos “de marquita” en la tienda El Caminante y pagarlos por cuotas, pues los zapatos no le duraban más de 15 días a Juan Camilo que se la pasaba pateando balones en la cancha La Palma, de Chigorodó.La mujer se sonroja al recordar también que, muchas veces, le tocó empeñar el televisor y el equipo de sonido para enviarle dinero al muchacho que, en 1999, hacía parte de las divisiones menores de Atlético Nacional.

Su otra tía, Gloria Zúñiga Mosquera, suelta una carcajada antes de contar que la abuela Graciela Correa tuvo que romper su alcancía, por allá en 1990, para comprarle una pelota de plástico al futbolista en ciernes. Y es que Juan Camilo le estaba pidiendo al Niño Dios un balón y en vez de eso le trajo un carro de policía “que mandó al carajo de una patada”.

Esfuerzo recompensado

Dos décadas después las tías paternas del jugador de la Selección Colombia coinciden en que valió la pena tanto esfuerzo, “porque ese niño es una bendición de Dios, es el que nos da el pan diario y representa el orgullo de esta familia”.

Ambas lo mantienen en oración, le recomiendan a diario medicamentos caseros para que ponga en forma su rodilla y son unas convencidas de que estará en el Mundial de Brasil-2014, porque “desde niño ha sido calidoso y jamás ha perdido la fe”.

Ese chico, que se inició en los semilleros de Álvaro Cano y Fredy Candanosa como delantero, llegó referenciado así al conjunto verdolaga, pero terminó convertido en uno de los mejores laterales del mundo.

Su primo Brayan Flórez relata que todo se debe a que en un Suramericano sub-20 empezó a jugar en ese puesto para no quedarse por fuera de la titular.

Juanca, como lo llaman en el barrio La Palma, aprovechó los consejos de la abuela Graciela que le untaba la pomada “rompe dolor” para aliviarlo de las lesiones y de los castigos de sus padres (Juan Camilo y María) por descuidar los estudios. Por eso mantiene la humildad con la que salió hacia la capital antioqueña hace 15 años.

A Mariela se le encharcan los ojos cuando recuerda que su madre se quería morir de la felicidad al recibir un giro de 30.000 pesos de Juanca, producto de su primer sueldo en Nacional. “Con eso demostró lo generoso que iba a ser, porque siempre ha estado pendiente de nosotros y cada que viene a su pueblo llega con cuatro o cinco maletas llenas de regalos para todos”.

Así fueron los orígenes de Camilo Zúñiga, quien les prometió a sus vecinos el arreglo de la cancha La Palma y cada que llama a Chigorodó le dice a su tía Gloria: “a lo que fuimos”. Una expresión que significa “tener toda la artillería pesada con oraciones sagradas y medicamentos caseros, para que su rodilla funcione bien estos días y pueda figurar con Colombia en el Mundial”.

La fe de un guerrero

El dueño del puesto 84 entre los mejores 100 futbolistas del mundo, según el periódico inglés The Guardian, vive en contacto con su familia en Urabá y les asegura a sus tías que alcanzará a ponerse en forma en el Nápoles de Italia para estar en el Mundial.

Camilo, papá de Sofía, esposo de Angélica Riaño y espejo para más de 200 chicos de los semilleros de fútbol de Chigorodó, es un convencido de que con las oraciones de su gente estará en Brasil.

“Tengo fe y creo que este año será más maravilloso que el pasado, y con las bendiciones de Dios nos haremos notar en el Mundial jugándonos una final en cada partido”.

Zúñiga hoy no tiene necesidad de fiar guayos, pero sí muchas oraciones y contar con el positivismo de todo el país para llegar pleno a una cita que jamás pasó por su cabeza cuando pateaba balones en su natal Chigorodó.

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