El día que clasificamos por primera vez a un Mundial

Mil pesos. Ese era el premio para cada jugador si la selección Colombia lograba vencer a Perú y llevarnos por primera vez a un Mundial. Con un empate, el premio sería de 500 pesos. Era 30 de abril de 1961 y el país, como hoy, estaba en ascuas. Listo para un partido definitivo en el Estadio El Campín. En ese entonces, la eliminatoria para llegar al Mundial era muy diferente. Por sorteo, a Colombia le tocó un duelo, ida y vuelta, con su rival. Una victoria para cada bando obligaría a un tercer partido, que estaba programado en Valparaíso en Chile.

Pero un triunfo de local y un empate como visitante nos daría la clasificación directa. Perú ya había tenido el honor de asistir a un Mundial. Y nada menos que al primero de la historia, en 1930 en Uruguay. Nuestro país apenas había participado de una fase previa rumbo a Suecia en 1958. No estuvimos ni cerca de clasificar.

Pero ese domingo se quería voltear la historia y había confianza. No por nada EL TIEMPO titulaba a grandes letras: ‘Hoy se consagra Colombia’ y el artículo era un derroche de optimismo. Teníamos un gran equipo cuyo técnico era el legendario Adolfo Pedernera. Y la nómina tenía nombres históricos como Efraín ‘Caimán’ Sánchez en el arco; Francisco ‘Cobo’ Zuluaga en la defensa y la estrella: el delantero Delio ‘Maravilla’ Gamboa.

Al frente, decía este medio, un rival de tantos quilates como altibajos. Al que sólo le habíamos ganado una vez. Un equipo “catedrático del arte de jugar, con despliegue de ciencia y conciencia, rebeldía y alegría”. La última vez que lo habíamos enfrentando, en el suramericano de Lima, nos despachó con un 4-1 en contra. Perú venía a recuperar su prestigio, Colombia quería comenzar a construirlo.

El balón rodó a las 12 del mediodía, previos actos protocolarios que incluyeron saludo a los equipos del embajador de Perú, Víctor Proaño y del entonces canciller, Julio César Turbay. Y fue un partido ‘de nervios’, cerrado, con poca claridad pero con un equipo colombiano que dominó las acciones frente a su rival, que por momentos era desordenado en defensa. Y no era fácil defender en ese entonces, porque se jugaba con un esquema ‘al revés’: arquero, tres zagueros, dos mediocampistas y cinco delanteros.

El júbilo que hizo temblar El Campín llegó al minuto 27 del primer tiempo, gracias a dos errores de defensa y arquero, según relató ELTIEMPO: “Segundos después del segundo tiro de esquina a favor de Colombia, envió alto Aceros y Gamboa recogió el rebote con leve toque de cabeza. Escobar recibió con audacia y remató a un metro de la valla” para vencer al portero Felandro quien “atolondrado” salióa tratar de cortar la jugada.

¡Gol de Colombia! Y desborde total de alegría de un público “grandioso y entendido” que “trepidó con rugidos indescriptibles”. La posibilidad de jugar el Mundial estaba cerca. Pero faltaba el juego más difícil. El de Lima. No por nada, tras la derrota, Marcos Calderón, técnico peruano, sentenció frente a sus jugadores: “Un gol no quiere decir nada, la victoria a la larga será nuestra”.

Acariciando la historia

El choque de vuelta fue programado para el 7 de mayo las 3:30 de la tarde. En Lima, relataba entonces el enviado especial, Jorge Uribe, reinaba la tensión. Por un lado, había certeza de un resultado corto en contra, pero por el otro había falta de fe por los altibajos de un equipo que no convencía a sus aficionados.

“Las últimas pruebas han maltratado las creencias del fútbol de ese país. La realidad ha sido tajante con los apacibles sueños de grandeza estancada en las mentes del aficionado nato”, escribió Uribe para la edición del 7 de mayo. Claro. En Colombia se confiaba en la garra, en lo que el periodista llamaba combatir “con nervio viril y arrollador”.

Se esperaba un equipo que “no se presentará ni mucho menos actuará como víctima degollada. Hay furia, hay temple para llegar bien y llegar lejos. Se va a jugar con alma, como todos los colombianos hemos querido verlos siempre”. Era evidente el nerviosismo en ambos bandos. Porque al igual que en Colombia, los medios peruanos pedían confianza en su escuadra y garantizaban que “los muchachos nacionales deben entrar a jugar con pundonor y decisión” y forzar al juego de desempate.

Rueda el balón…

Dos ausencias en cada equipo y nada menos que de los dos capitanes, ayudaban a darle más picante al juego. El peruano Willy Fleming y el colombiano Francisco ‘Cobo’ Zuluaga verían el partido en las tribunas, en medio de los más de 50 mil aficionados ‘incas’ que querían ver a su selección aplastar a los nuestros.

Y parecía que el deseo se les iba a cumplir. Apenas iban dos minutos del crucial juego, que empezó a las 3:33 de la tarde, cuando se recibió el primer golpe en la cancha. Penal para Perú. “El interior nacional, Ángel Uribe, superó a los defensas colombianos y fue fouleado (sic.) por Echeverry dentro del área penal. De la Vega se encargó de ejecutarla, venciendo con fuerte tiro al ‘Caimán’ Sánchez.

Con el temprano resultado de 1-0 en contra, los colombianos se lanzaron al ataque aunque “sin mayor éxito. La defensa local se batió con bastante seguridad”. Y en el minuto 24 revivieron las esperanzas. El combinado nacional se acababa de salvar de encajar el segundo gol, cuando apareció Eusebio Escobar, quien lanzó un centro directo a la cabeza de Héctor ‘el Zipa’ González, quien aprovechó una indecisión de la defensa y del arquero y de cabeza marcó el empate.

Ahí cambió el rumbo de todo. Colombia se encerró en la defensa y puso a 8 jugadores en la retaguardia. Perú se desesperó, se desordenó y al final, lució impotente. “Para los espectadores, Perú embotelló a sus rivales a través de los 45 minutos del segundo tiempo. Pero su dominio fue de lamentos, de una serie de ‘casi’ sin culminación, como lo comprueba el que deba el gol a su favor a un penal y se salvó de la derrota por veleidad de la suerte”, escribió Jorge Uribe.

Esa ‘veleidad de la suerte’ ocurrió a los 40 minutos del segundo tiempo, cuando ‘Maravilla’ Gamboa fue derribado en el área local y el árbitro sancionó penal a favor de los colombianos. El cobro fue estrellado en el horizontal por Rolando Serrano.

Con el pitazo final, cincuenta colombianos, que quizá aprovecharon la promoción de viajar a Lima a ver el juego por 150 dólares, celebraron a rabiar. “Salieron roncos, embriagados de júbilo y aclamados de felicitaciones por los aficionados limeños”.

Y en Colombia hubo caravanas, calles abarrotadas por las celebraciones y júbilo: ¡Estamos en un Mundial! El entonces discreto fútbol de Colombia estaría cara a cara con los colosos del planeta.

Epílogo: La fiesta

“La adjudicación del triunfo al sonar el pito de terminación de la competencia produjo delirio en los fanáticos, cuya mayoría se lanzó de sus domicilios a la calle para bailar en los andenes y recorrer en caravanas de automóviles las calles de la urbe para festejar el renombrado triunfo.

“La vocinglería y los intermitentes pitazos de los coches comunicaron la nueva a los habitantes. En los teatros se dio la buena nueva con anuncios en los telones del cine y empezaron a cantar el Himno Nacional los espectadores. En los cafés y sitios de diversión la victoria sirvió de telón de fondo para la alegría colectiva.

“Toda la ciudad, desde la media tarde, no habla sino de los muchachos colombianos que cosecharon laureles para el deporte nacional”. *

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