De Santa Fe, Nacional y otros demonios (Opinión)

El papel colombiano en la Libertadores sabe mal, como los desatinos con el estadio de Barranquilla.

El título de esta columna ha tomado el de una de las grandes obras de Gabriel García Márquez -Del amor y otros demonios- para tratar de ilustrar con fidelidad lo que pasa en el fútbol colombiano con algunos equipos y varias situaciones que, sin duda, parecen del universo macondiano de nuestro premio Nobel de literatura.

Empecemos por Santa Fe. Al igual que la protagonista de la novela de García Márquez, el equipo ‘Cardenal’ juega como si estuviera poseído por malos espíritus. Su actuación en el partido de Venezuela contra el Zamora fue deprimente por lo mediocre. Le permitió a su rival obtener el primer triunfo de su historia en la Copa Libertadores y dejó una honda preocupación. El conjunto ‘albirrojo’ no gana desde el 19 de febrero y esto despertó los fantasmas que siempre han cuestionado la capacidad del técnico Wilson Gutiérrez. Además, en la junta directiva hay un personaje nefasto, que fue presidente del club, a quien no le gusta nada ni nadie y lo único que hace es dividir. ¿Será que se necesita un exorcismo?

Sigamos con Atlético Nacional. Al técnico Juan Carlos Osorio, admirado y elogiado por sus grandes éxitos en los torneos colombianos del año pasado, parece que se le hubiera metido el demonio de la terquedad. Sus planteamientos en los partidos de la Libertadores han sido equivocados y la insistencia en jugar con cuatro defensas le ha pasado factura contra Gremio y Nacional de Uruguay, pues el equipo recibió cinco goles y solo obtuvo un punto de seis posibles. La eliminación a octavos ronda las huestes del ‘verde’ como un mal espíritu al acecho. Este sería el fracaso del año en el fútbol colombiano. Esperemos que el equipo salga del calvario y retorne al paraíso.

Ahora, pasemos al estadio Metropolitano de Barranquilla. Uno de los templos sagrados del fútbol colombiano, nada menos que en ‘La casa de la Selección Colombia’, allí donde se han logrado cuatro de las cinco clasificaciones a los mundiales, allí mismo donde los barraquilleros gritan felices “¡Junior, tu papá!”, estará cerrado mínimo durante un mes. ¿El motivo? La instalación de la pista atlética. ¿Por qué ahora, en pleno campeonato? ¿Por qué no esperaron al receso durante el Mundial de Brasil? La torpe decisión genera muchas preguntas, es como si los demonios de los ‘negocios torcidos’ estuvieran haciendo de las suyas. Junior y Uniautónoma tendrán que jugar en el viejo Romelio Martínez, que hoy en día es más un escenario para conciertos musicales y por ende tiene la cancha destruida.

La tortura del Boyacá Chicó en Pasto. Los demonios del miedo, el estrés y el tiempo perdido se meten casi siempre en los equipos de fútbol que viajan a la capital nariñense para jugar contra el club de la región, bien sea por Liga o Copa. Hoy el damnificado es Boyacá Chicó, que jugó el martes por la noche en el estadio Libertad y el jueves completó 48 horas sin poder regresar, ya que el aeropuerto está cerrado por mal tiempo. En su cuenta de Twitter, Eduardo Pimentel, técnico, máximo accionista y alma del conjunto ‘ajedrezado’, le ha implorado una solución a la Dimayor. Pero nada que llega. Chicó debe jugar en Tunja contra Once Caldas, este sábado a las 5:30 p.m. Estar ‘varados’ en Pasto es darle mucha ventaja al rival de turno. Ahora sí, Pimentel tiene un motivo de peso para estar poseído por todos los demonios.

Estas son las cosas que pasan en el fúbol colombiano, son hechos macondianos y de novela. Sin embargo, Santa Fe y Nacional, aunque están en el límite que separa al éxito del fracaso, el del cielo con el infierno, todavía están a tiempo para escribir un final feliz. Que así sea.

Tomado de http://www.futbolred.com

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