Atlético de Madrid: ¿Dejará huella por su forma de jugar?

El fútbol es como la vida”. Claramente no es una frase inédita. Y muchos menos, falsa. Existen valores y formas, y mentalidad e ideologías, y estilos y conductas; cada quien, tiene la suya. Hay libertad de sensaciones en cuanto a los gustos estéticos. Así se resume una pequeña parte de lo que envuelve el mundo de la pelota. Ese lugar de verdades y de mentiras, de opacas certezas.

¿Siempre el que gana es el mejor? A gusto del consumidor la repuesta. Pero es más probable que la fanaticada futbolera, apartándose del sentimiento hacia el club del cual es hincha, desee un equipo que vaya al frente, que juegue con el objeto símbolo del amor por este deporte: la pelota. Que la trate bien y la acaricie con pases y no con ‘bochazos’, con gambetas y no zancadillas. Que la ensalce con amague, magia y visión. Sin embargo, no siempre eso termina haciendo la diferencia en el score, que para muchos, es lo más importante; por encima de dejar huella con acciones que deleiten y difundan felicidad y aplausos.

El caso del Atlético de Madrid es una muestra. Sus éxitos deportivos de la mano de Simeone, que como jugador destruía más de lo que construía, y que parece haber implantado eso en el espíritu de sus dirigidos, han sido múltiples, para un club que estaba acostumbrado a vivir bajo la sombra del Real Madrid y del Barcelona. Y en Europa, de todos. Ahora es habitual que pelee por los títulos locales y continentales. Este martes llegó a su segunda final de la adorable Champions, en las últimas tres ediciones. ¡Lograzo! ¿Y la manera? ¿Eso no importa?

Si fuera cierto que en el fútbol lo único importante es el resultado, ¿para qué discutir de cómo juegan los equipos? No tendría sentido sentarse con los amigos a tomar un café y debatir por qué un técnico nos gusta más que otro, o qué jugador entiende mejor lo que se debe realizar dentro del verde césped.

Claro que es vital el cómo; tanto en el deporte, como en cualquier ámbito. Porque hay cosas valederas, pero brillantes, que no rosen la mediocridad, escasas. Y esas son las que se destacan por sobre el montón de existencias normales que no dejan historia. Cada entrenador, cada cuadro decide qué imagen tendrá el mundo de ellos. No solo defensivos u ofensivos, sino con el riesgo de darle algo más al espectador, de pensar en él y en los millones de televidentes que tiene hoy en día el balompié, quienes encienden el aparato en busca de una pared, un pase dado al compañero, una salida jugando con el arquero o simplemente un acto que les ratifique de qué se trata esto: de buscar la portería contraria, porque allá es que se hacen goles. Intentar descifrarla constantemente y no cada vez que un pelotazo ordinario salga disparado hacia un solitario delantero.

Los pupilos del Cholo intentarán ganar lo que no lograron en el 2014, cuando un gol de Sergio Ramos, al último minuto, propició el alargue en Lisboa y la posterior consagración merengue. Si lo consiguen, los hinchas rojiblancos celebrarán, entendiblemente, porque del análisis futbolero se debe apartar el instante en el que los colores amados están de por medio. Pero habrá que preguntarles en unos años a los feligreses de un fenómeno redondo mundial: ¿Qué emociones les genera acordarse del Atlético del ‘Cholo’?

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